La Sangre y sus Contrastes

La Sangre y sus Contrastes

En definitiva existen muchas acepciones a la palabra sangre, una de las más comunes es cuando decimos que alguien es de sangre azul, lo que quiere decir que esa persona pertenece a la nobleza. Aquí el término lleva una connotación que le confiere a éstas personas una característica especial, lo que las coloca en una posición de estatus superior al común de la gente, hablaba de un linaje con implicaciones de superioridad y derechos de gobernar y mandar.

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VIH-1 a 25 años

VIH-1 a 25 años

Hasta la fecha el primer caso autentificado de un paciente seropositivo ha sido trazado hasta la capital de la República Democrática del Congo, en África, el año: 1959. El Congo, Rwaanda y Burundi parecen ser la cuna de la que se ha proclamado la enfermedad del siglo XX.

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Remodelado óseo

Remodelado óseo

El sistema esquelético posee varias funciones que incluyen el soporte del cuerpo, la protección de órganos internos y la provisión de sitios de unión para los músculos, cavidades para las células formadoras de hueso y un reservorio para minerales.

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Monitoreo periódico

Monitoreo periódico

El enfoque actual de la medicina cambió drásticamente el siglo pasado. El énfasis actual se encuentra en la prevención y en la detección temprana más que en el tratamiento.

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La Biblia artículo La regla de oro

La regla de oro

El sabio no tiene intereses propios, pero hace suyos los intereses de la gente. Es bondadoso con los que son bondadosos; también es bondadoso con quienes no lo son: Pues la virtud es bondadosa; también confía en los que no merecen confianza: Pues la virtud es confiada. Tao Te King Lao Tse (circa 600 a.e.c)

Zigong preguntó: “¿Existe una sola palabra que uno pueda practicar por toda la vida? El Maestro dijo: “Quizá ¿reciprocidad? No hagas a otros lo que a ti mismo no deseas que te hagan.”Analectos XV.24 Confucio (551-479 a.e.c.)

Al forastero que viva con ustedes lo mirarán como a uno de ustedes y lo amarás como a ti mismo, pues ustedes también fueron forasteros en Egipto. Yo soy Yavé, tu Dios. -Levítico 19:34

El maestro Sixin contó: Yuantong Xiu dijo en cierta ocasión: “Si no puedes ser recto tú mismo pero deseas hacer rectos a los demás, a esto se llama desliz de virtud. Si uno no puede ser respetuoso y desea hacer que los demás lo sean, a esto se llama violación de propiedad. Si alguien que trabaja como Maestro carece de virtud y va en contra de la propiedad, ¿qué puede utilizarse para extender las directrices para el futuro.”-Carta a Lingyuan (Dinastía Sung. Siglo X al siglo XIII)


Existen muchas variantes de la regla dorada. Estas pueden ser elaboradas en la afirmación o la negación de las acciones: (1) Haz a los demás como te gustaría que hicieran contigo o (2) No hagas con los demás como no te gustaría que hicieran contigo. La idea detrás de la regla dorada es que ante la incertidumbre sobre cómo tratar a otros, una buena guía existe dentro de cada quien: uno mismo. La regla dorada está basada en la empatía y la igualdad. La premisa detrás de ella es que los otros son como yo.

Las demás personas con que trato, aún y las que no conozco, son seres humanos como yo, hijos, hermanos, padres, primos, estudiantes, trabajadores, ciudadanos, etc.; como tal, poseen sentimientos como los míos, experi-mentan temor, frustración enfado, alegría, amor, empatía, cansancio, curiosidad, etc.; poseen además una serie de otras características con las que yo me puedo identificar, porque una vez más, son precisamente como yo.

Las experiencias de ellos son como las mías, si bien no las particularidades, si las generalidades (e.g., si sienten amor, asumo que es como el amor que siento yo, lo cual es un9a buena suposición la mayor parte de las veces). El principio es muy antiguo, tanto, que es lo más razonable presumir que precede la historia, una referencia escrita la encontramos en el primer código legal de la historia, el Código de Hammurabi, y nos dicta: “ojo por ojo y diente por diente”. Concedido, su formulación no es una guía para actuar a priori, es una guía para castigar, pero cuando forma parte del código legal, los ciudadanos la conocen y saben que deben responder por sus acciones, si obran mal, el mismo mal recibirán y en este momento se convierte en: “no trates de los demás como no quieres que te traten”. En variadas formas, la regla dorada forma parte de todas las culturas antiguas, es un principio básico social que antecede el establecimiento de toda civilización.

Ciertamente, las religiones del mundo, que tan preocupadas se encuentran por naturaleza en las acciones de las personas (iba a decir de los hombres, pero debemos admitir que se encuentran más preocupadas por las acciones de las mujeres), ni tardas ni perezosas han reclamado suya la sabiduría de la regla dorada. No deja de ser desvergonzado que religiones como las cristianas traten de adjudicarse esta gema de sentido común, normalmente atribuyéndole al supuesto Jesús de Nazaret la regla dorada en su sermón sobre la viga y la pelusa, particularmente en Mateo 7:12 “Entonces, todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí tienen toda la Biblia” (aunque la lectura de Mateo 7 completo muestra variaciones de esta máxima).

 Piedras del Código de Hammurabi (

Piedras del Código de Hammurabi (1726 a.C.) Es el primer conjunto de leyes de la historia.

Pero como ya hemos visto, la regla dorada precede las religiones modernas, Jesús y los demás líderes religiosos relevantes hoy –Buda, Zoroastro y, el seglar, Confucio antes que él, así como Mahoma después, entre otros- han proclamado todos alguna variante de este principio, ninguno (hasta donde alcanza mi entender) otorgándole crédito a algún antecesor –vergüenza debería haberles dado a quienes plagiaron la idea, que si no son todos, fueron la mayoría. El caso particular de Jesús es relevante, porque él era judío, por lo que Levítico 19:34 era parte de su cultura (la cita se encuentra al inicio de este escrito).

La Biblia artículo La regla de oro

La Biblia. Conjunto de libros canónicos del judaísmo y el cristianismo.

La regla dorada no se encuentra libre de críticos. Una persona muy cercana a mi, y muy querida por cierto, me ha comentado con aire de superioridad más veces de las que hubiera soportado en alguien más que “no debes tratar a las personas como te gustaría que te trataran a ti, sino como les gustaría a ellos que los trataran”. Evidentemente esto encierra una verdad banal, que una vez que conoces a alguien en particular, lo suficientemente bien como para anticipar cómo comportarte a su alrededor –si deseas complacerlo-, es una guía superior, hacerlo basándote en sus preferencias y no las tuyas.

El problema es que la regla dorada, como la entiende la mayoría, en una forma limitada, es una regla cuando precisamente no conoces al otro lo suficiente para dejar de aplicarla. Si yo voy a regalarle a un amigo un presente en su cumpleaños, busco algo que sé que le gusta. Si busco un regalo de cumpleaños para alguien que no conozco bien, me informo primero sobre sus gustos y luego adquiero algo de acuerdo a la información que recibí. Si por causas de fuerza mayor no fui capaz de obtener información al respecto, tendría que buscar un regalo que yho me imaginaría que podría gustarle, yo mismo podría ser una referencia, si considero que dicha persona comparte algo conmigo (e.g.. como podría ser la edad, las medidas y el gusto por algún deporte [que ya es saber algo de él]) podría buscar algo que me gustaría a mi (siguiendo en el mismo ejemplo, como una camisa de mi equipo favorito, definitivamente no un álbum de mi grupo musical favorito).

El punto es que la regla dorada, aún en esta formulación limitada –demasiado superficial- es aplicada de acuerdo al sentido común, es una buena guía general en muchas circunstan- cias, pero sólo un simplón la tomaría literal- mente (una vez más en esta forma limitada) todo el tiempo. Ciertamente los masoquistas son un grupo que también merecen mención, aunque sólo se apara decir lo obvio, ya que aparentemente algunas personas necesitan que se los hagan saber explícitamente. Cuando alguien es masoquista, normalmente está consciente que la vasta mayoría de los demás no son como él (o ella).

Esta simple distinción invalida la objeción que alguien podría esgrimir contra la regla dorada, podemos llamarla “apelar al masoquista”. En mi caso, yo poseo una obsesión por la lectura y mi primer instinto al buscar un regalo, es regalar un libro, pero como se que la mayoría no comparte mi manía, resisto la tentación y busco otras opciones (me temo que mis regalos no son muy buenos cuando no son libros). Lo mismo aplica para el masoquista, que desde que su naturaleza le es clara, en sus interacciones con los otros, aprende que sus demostraciones afectivas, si violentas o dolorosas, no son bien recibidas. Existe, por tanto, una calibración social.

Mujer preocupada

Masoquista. Se aplica a la persona que disfruta con un pensamiento, situación o hecho desagradable y doloroso.

Existe también otra solución cuando alguien “apela al masoquista” y es precisamente, el entendimiento amplio de la regla dorada. Cuando uno conoce los gustos y preferencias de los otros, y uno busca complacerlos hacien- do como a ellos les gusta que los traten, lo que uno está haciendo es tratándolos como le gustaría a uno que lo trataran. Es decir, cuando yo saludo al masoquista con un golpe en el hombro, lo hago porque se que eso a él le produce placer, mientras que él me puede saludar de vuelta con un apretón de manos (mesurado); yo tengo la consideración de preguntarme cómo le gustaría a él ser tratado y él tiene la consideración conmigo de pregun- tarse cómo me gustaría a mi ser tratado. En última instancia ambos estamos tratando al otro como nos gustaría que nos trataran: con consideración a nuestras preferencias. (Perdón por la caricatura de ejemplo, pero lo hago buscando economía con claridad, espero haberlo logrado).

Lo que lo anterior trae como consecuencia es que la regla dorada no es violada aún cuando se pensaba que sí (en su formulación limitada).

Siempre que yo trato al desconocido con todas las deferencias y tacto que espero de los demás, aplico la regla dorada. Siempre que yo conozco a alguien (y en la medida que lo hago) considero sus gustos antes que los míos (e.g., ofreciéndole de tomar agua, que es su bebida favorita, en vez de Coca-Cola que a mi me encanta), estoy también aplicando la regla dorada (porque a mi también me gustaría que me considerara cuando yo soy un invitado en su casa y me ofrezca así Coca-Cola y no agua). La mayoría de nosotros hacemos esto y la regla dorada no te pide que lo dejes de hacer (de hecho, como hemos visto, es parte de la regla dorada).

Ee hecho es muy curioso el caso de esta persona cercana y muy querida porque es una mujer casada que a su marido le prepara de comer de formas que a ella le gustan, pero no de acuerdo a los exóticos gustos de su marido. Si su marido desea un sandwich de jamón con cajeta, por ejemplo, se lo tiene que hacer él. No hay ningún problema con esto, de hecho espero que el comentario no suene machista, es sólo que esa es la dinámica familiar y yo me encuentro relatando un hecho (ella se jacta de hacerle gustosa de cenar a su esposo, pero claro, lo que ella quiere). Que la misma persona objete la regla dorada porque considere que lo que se debe hacer hacia los demás es como a ellos les gustaría que se les hiciera (como si esto no fuera la regla dorada) y a la vez se rehúse a preparar para su marido algún alimento como a él le gusta (llegando al punto de prepararle cosas que él no ha pedido, en total contradicción con la regla dorada, incluso la limitada regla que ella entiende) es por demás contradictorio.

La reflexión hoy ha sido breve, para variar, pero decidí escribir sobre esto, porque me vuelve loco no decir las cosas por temor a ofender o molestar (no todo el mundo aprecia que se obvie sus contradicciones en forma explícita en su cara).

Como no siento que pueda jamás decir estas cosas de frente sin correr el riesgo de lastimar a las personas que estimo entonces decidí escribir como catarsis (ya lo he hecho muchas veces).

Cuando estaba por terminar mi escrito, me percaté que la página de Wikipedia (en inglés) para la regla dorada contiene casi todo lo que he dicho yo aquí (no todo, porque afortunada- mente llevaba ya 3⁄4 partes del escrito cuando decidí consultarla, si no quizá habría pensado menos las cosas o habría desistido si hubiera creído que no habría ya mucho más que decir).

De cualquier forma lo quiero mencionar, porque quizá alguien desee revisar esa página también. Lo que Wikipedia tiene, es una serie extensa de citas de diversas fuentes sobre la regla dorada, eso en sí puede ser lo suficiente- mente interesante como para justificar visitarla.

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Las infecciones de transmisión sexual son un grupo heterogéneo de enfermedades provocadas por más de 20 agentes infecciosos. Estas enfermedades, como su nombre lo indica, son transmitidas a través de la actividad sexual y los agentes etiológicos pueden ser bacterias, hongos, virus y hasta parásitos.

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Debemos saber, que se denomina abuso de drogas al uso indebido de un medicamento con fines no terapéuticos, así como al uso de sustancias con el propósito de alterar el estado de conciencia, comportamiento, trastornar el desarrollo corporal, entre otros fines, la mayoría poco saludables. Antidoping, es el nombre que se le da a la prueba o al grupo de pruebas destinadas a detectar e incluso medir la presencia de estas sustancias en los fluidos propios del organismo.

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