La Sangre y sus Contrastes

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En definitiva existen muchas acepciones a la palabra sangre, una de las más comunes es cuando decimos que alguien es de sangre azul, lo que quiere decir que esa persona pertenece a la nobleza. Aquí el término lleva una connotación que le confiere a éstas personas una característica especial, lo que las coloca en una posición de estatus superior al común de la gente, hablaba de un linaje con implicaciones de superioridad y derechos de gobernar y mandar.

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VIH-1 a 25 años

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Hasta la fecha el primer caso autentificado de un paciente seropositivo ha sido trazado hasta la capital de la República Democrática del Congo, en África, el año: 1959. El Congo, Rwaanda y Burundi parecen ser la cuna de la que se ha proclamado la enfermedad del siglo XX.

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Monitoreo periódico

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Una Inyección Para Salvar Al Mundo

Lecturas recomendados

Por. QFB Sergio A. Salazar Lozano M en C
8 de Marzo 2022

Introducción

A casi dos años del surgimiento de los primeros casos de COVID-19 en hospitales de Wuhan, China, Gregory Zuckerman publicó el libro A Shot To Save The World: The Inside Story Of The Life-Or-Death Race For A COVID-19 Vaccine (Una Inyección Para Salvar Al Mundo: La Historia Desde Dentro De La Carrera De Vida O Muerte Para Una Vacuna Contra El COVID-19).

Zuckerman es autor de otros libros y reportero investigador del Wall Street Journal; habitualmente escribe sobre negocios, economía e inversiones. Es un autor consumado que ha ganado tres veces el premio Gerald Loeb, el honor mayor en periodismo de negocios. Adicionalmente, aparece regularmente en CNBC, Fox Business y en otras televisoras y estaciones de radio alrededor del mundo.

Hoy, a dos años de pandemia, el virus SARS-CoV-2 ha visitado cada espacio del orbe terrestre dejando a su paso dolor, sufrimiento, incapacidad y muerte. El número de muertes directamente atribuidas a COVID-19 de acuerdo al sitio web de la Universidad de Medicina del Johns Hopkins ronda alrededor de los 6 millones; sin embargo, el exceso de muertes global estimado por la revista The Economist (quienes probablemente hayan desarrollado el mejor modelo para la estimación de muertes asociadas a la pandemia de SARS-CoV-2), a la fecha arroja un valor de aproximadamente 20 millones. ¿Por qué esta diferencia?

Blood sample for Covid 19

El número de muertes directamente atribuidas a COVID-19 nos habla de aquellas muertes con un resultado confirmatorio de infección por SARS-CoV-2. Ahora bien, el exceso de mortandad es una medida más completa del impacto total de la pandemia en las muertes que el recuento de muertes confirmadas por COVID-19 solamente. El exceso de mortalidad comprende no solo las muertes confirmadas, sino también las muertes por COVID-19 que no se diagnosticaron y notificaron correctamente, así como las muertes por otras causas atribuibles a las condiciones generales de la crisis; por ejemplo, muchas personas dejaron de acudir al médico o a terapias de enfermedades crónicas por temor a contagiarse con el virus SARS-CoV-2 y muchos otros murieron tiempo después, ya sea después de haberse infectado y tras haber sido dados de alta (o peor y más común, tras jamás haber sido tratados) pero de alguna consecuencia no resuelta por esta infección, como un estado de hipercoagulación que deviene en una trombo embolia pulmonar. El concepto de Exceso de Mortalidad lo podemos comprender como el resultado obtenido al restarle a las muertes registradas, las muertes que se esperaba hubiera en ese mismo periodo. Los números positivos son excesos de mortandad y 20 millones en todo el mundo en dos años es un número enorme.

Si consideramos que no solo la mortandad, sino también la moribilidad –es decir, la proporción de pacientes con una enfermedad particular durante un año determinado por unidad de población determinada- ha sido abrumadora. Aquí es relevante volver a citar al sitio web de Johns Hopkins, que a la fecha registra alrededor de 435 millones de casos de COVID-19. Estos números son solo de COVID-19, pero habría que sumarle otras dolencias que se han incrementado como resultado directo de la enfermedad o aquellas que devienen de las medidas preventivas no terapéuticas, como la depresión. Así, podemos estar de acuerdo que el impacto de esta pandemia para la humanidad ha sido considerable y no exageramos al declarar que si no fuera por la extraordinaria invención de las vacunas contra el COVID-19, estas alarmantes cifras serían aún mayores.

Es justamente la historia sobre cómo llegamos a desarrollar en tiempo récord vacunas altamente efectivas contra un nuevo virus, la que nos documenta Zuckerman en su libro. Para que tengamos una idea de la magnitud de esta proeza, es importante saber que la vacuna promedio se produce en 10 años. Hasta el 2020, la vacuna para las Paperas había sido la que más rápido se había desarrollado, porque solo tomó 4 años contar con ella.

En palabras de Zuckerman (la traducción es mía): “Desarrollar, probar, manufacturar y posteriormente entregar vacunas seguras y efectivas en un solo año es una hazaña inigualada en la ciencia moderna y posiblemente uno de los momentos de mayor orgullo para la humanidad” (p. XV).

Solo para dejar claro que el proceso de investigación periodística fue exhaustivo cito a Zuckerman nuevamente cuando nos aclara que su libro está “basado en entrevistas con más de trescientos científicos, académicos, ejecutivos, oficiales del gobierno, inversionistas y otros que jugaron roles importantes en los logros de la vacuna de COVID-19 o prepararon el terreno para su éxito”.

El Libro

El público objetivo de este libro no son personas con conocimientos técnicos sobre vacunas, química o medicina, sino gente curiosa que desea estar tanto sobre cómo fue que logramos resolver en tiempo récord el enigma para producir una vacuna contra un agente hasta el momento desconocido y la historia comienza con el VIH, aunque forzosamente toca algunos hitos de la historia de las vacunas en general.

El VIH es relevante porque ha sido un reto que no hemos podido superar, tanto por las características del virus, como por las células que infecta y cómo afecta al cuerpo humano. El VIH hoy se encuentra en todos lados y en 40 años no hemos sido capaces de producir una vacuna efectiva para detenerlo. Para lo que ha servido enfrentarnos a este enemigo formidable ha sido adentrarnos a fondo en la virología y en la inmunología, entre otras áreas del saber médico. Los conocimientos que han resultado de 4 décadas de combatir un virus con una alta tasa de mutación y con capacidad para integrarse al genoma de células humanas, y no células cualquiera, células del mismo sistema inmune, principalmente las orquestadoras de la respuesta inmune celular y humoral; esto sin mencionar que el virus tiene esta capacidad para permanecer –vamos a decirlo así- “durmiente” durante periodos de tiempo prolongados escondido en las entrañas celulares del organismo mientras espera el momento justo para reaparecer, han sido cruciales para combatir al SARS-CoV-2 desde la trinchera de la vacunación y, ahora también, la terapia farmacológica –es decir, los medicamentos que interfieren con el ciclo vital del virus.

El terror que inspiró el VIH en la humanidad provocó que en los 80’s se plantearan innovaciones en la producción de vacunas, por ejemplo, cito a Zuckerman: “Un número cada vez mayor de investigadores del SIDA argüía por vacunas que utilizaran partes genéticamente modificadas del virus como su antígeno –la sustancia clave que estimula al sistema inmune- en vez de la aproximación de la vieja escuela que es utilizar al mismo virus” (p. 19). Por supuesto, aquí se refiere al virus vivo, pero atenuado o a utilizar partículas virales inactivadas; la primera, no libre de riesgos –pues existe el temor de que el virus pueda revertir a una versión replicativa en células humanas y provocar la enfermedad, tal vez hasta con mutaciones nuevas- y, el segundo, con altas probabilidades de ser inefectivo –o al menos impráctico- para el VIH ya sea por su incapacidad para estimular una respuesta inmune efectiva o, al menos, para mantenerla por largos periodos de tiempo.

HIV vaccine vialPor otro lado, para mediados de los 90’s el estímulo para producir una vacuna contra el VIH era menor. En palabras de Zuckerman: “ser el primero en desarrollar una vacuna para una enfermedad de alto perfil o un virus puede resultar en prestigio y premios. Pero las dificultades para lograr la aprobación regulatoria son altas, los reembolsos gubernamentales pueden ser inadecuados y la manufactura y otros costos son imponentes. Los productores de vacunas también tienen que luchar contras preocupaciones por demandas significativas si sus vacunas erran” (p. 28). A lo anterior agrega: “Aún y si una vacuna protectora llega a ser desarrollada, las ganancias pueden ser escasas. Los medicamentos pueden ser rutinarios; comienzas a tomar estatinas y seguramente estarás en ese medicamento de por vida, resultando en un flujo de ventas para los manufactureros farmacéuticos. Pero las vacunas algunas veces ofrecen inmunidad de por vida –grandioso para las personas, pero malo para las ganancias. En naciones pobres, los precios deben mantenerse bajos para evitar una desagradable reacción, otro elemento disuasorio para las compañías de vacunas”. El resultado de estas condiciones fue que “aquellos más enfocados en las vacunas contra el SIDA fueran compañías pequeñas con poco que perder. Para ellos, el éxito podría elevar su perfil, traer a nuevos inversionistas y una oportunidad para perseguir esfuerzos científicos más lucrativos –beneficios que sobrepasaban los enormes costos” (p. 29).

El libro, como ya mencioné, cuenta la historia de los principales científicos que hicieron posible el desarrollo de las vacunas más prominentes en el mundo, al menos las occidentales. Las vacunas en cuestión son la de Moderna, Pfizer/BioNTech, Novavax, Johnson & Johnson y AstraZeneca/Oxford. Las dos primeras son vacunas basadas en tecnología de mRNA que codifica para la proteína S de SARS-CoV-2 y las dos últimas trabajan con vectores adenovirales que fueron genéticamente modificados para albergar también el código para la proteína S de SARS-CoV-2. A esta altura es importante aclarar lo que es un vector viral en este contexto. Por vector viral debemos entender un virus que ha sido modificado en el laboratorio para albergar un gen o genes extraños a él que, pueden o no, encontrarse retocados. Finalmente, la vacuna de Novavax utilizó para su manufactura una tecnología, también de vectores virales, pero basada en baculovirus, una especie de virus que infecta insectos. El libro introduce algo de la ciencia detrás de las vacunas, yo expondré un resumen y, como he venido haciendo hasta ahora, complementaré con algunos datos o explicaciones adicionales.

La vacuna producida por Moderna (nombre que, por cierto Zuckerman aclara, proviene de un juego de las palabras “modificado” y “RNA”) fue denominada mRNA-1273 y es una vacuna de mRNA encapsulada en nanopartículas lipídicas. Este mRNA codifica para la proteína de la espícula o proteína S del virus SARS-CoV-2. Todas las vacunas que protegen contra el SARS-CoV-2 poseen el objetivo de bloquear esta proteína, ya que es justamente la proteína S del virus la que interactúa con el receptor en las células humanas, es decir, para que un virus SARS-CoV-2 infecte una célula humana es requisito que su proteína S se una al receptor humano, que es la enzima convertidora de angiotensina 2; sin esta unión, no puede haber infección. Esta molécula de mRNA es estabilizada en su conformación de prefusión y posee la longitud completa de su código como se presenta en el genoma del virus SARS-CoV-2. Esto último seguramente no será claro para todos, por lo que me explico: la proteína S del virus SARS-CoV-2 puede encontrarse en dos conformaciones, una doblada que escapa a la vigilancia del sistema inmune, pero que no es útil para unirse a su receptor y generar infección y otra que se encuentra expuesta y a la vista del sistema inmune y que es la requerida para unirse a su receptor y provocar una infección. En el virus, la codificación para la producción de esta proteína le confiere la propiedad de adoptar cualquiera de estas dos formas, pero en la codificación de la vacuna –solo mínimamente trastocada-, la proteína S producida será exclusivamente en la forma que reconoce el sistema inmune, aquella que adquiere previa a la fusión de las membranas viral y celular. La vacuna producida por Pfizer/Novavax comparte la misma tecnología, aunque claro, su ingeniería es propia y fue desarrollada independientemente de la de Moderna.

Corona Vaccines / Covid Vaccine Ampules in front of American Flag / Vaccination in USA

El libro contiene pocos detalles técnicos, pero menciona lo mínimo para que podamos comprender los retos más significativos en el desarrollo de estas vacunas. En el caso de la vacuna de mRNA, por ejemplo, hubo que superar el reto de volver estos mensajes de mRNA resistentes al ataque de enzimas destructoras de RNA y, a la vez, minimizar las indeseables reacciones inflamatorias secundarias a su aplicación. Estos retos se flaquearon a través de rigurosa y metódica experimentación y paciencia. Así, los investigadores Katalin Karikó y Drew Weissman fueron los primeros en realizar modificaciones a los bloques de construcción del RNA. Experimentando en ratones cambiaron el ribonucleótido uridina por pseudouridina y citidina por 5-metilcytidina y el sistema inmune de roedor dejó en paz a este RNA extraño (con RNA sin modificación se disparaba una reacción inmune poderosa).

Ya adelantamos que las vacunas que utilizan vectores virales de adenovirus son las de Johnson & Johnson y la de AstraZeneca/Oxford. Estos dos manufactureros utilizan respectivamente un adenovirus humano con replicación defectuosa serotipo 26 (Ad26) y un adenovirus de simio con replicación defectuosa (ChAdOx; por Chimpanzee Adenovirus Oxford, o Adenovirus de Chimpancé de Oxford). Ambos vectores administran genes que codifican para la proteína de la espícula (S) del virus SARS-CoV-2 recombinante a las células humanas.

Dan Barouch, un investigador enfocado al SIDA, en el 2009 presentó avances sobre una vacuna contra el VIH utilizando al adenovirus serotipo 26 (Ad26) como vehículo encargado de adentrarse en las células humanas para que éstas produjeran tres proteínas antigénicas del VIH. Estas proteínas, a su vez, debían estimular al sistema inmune a producir anticuerpos y células inmunes que identificaran y atacaran al virus apenas fuera visto. Esta aproximación había sido muy criticada pues se temía que la exposición previa a este adenovirus humano hubiera ya primado al sistema inmune a reaccionar previniendo a la vacuna de entregar su carga a las células humanas que producirían las proteínas deseadas. Pero el mismo Barouch publicaría un artículo al poco tiempo que mostraría que la inmunidad previa al Ad26 era improbable que afectara la efectividad del vector viral.

Sample vials of blood from possible Ebola patients infected with new Zaire strain of EbolaEn el 2014, las naciones del Oeste de África sufrieron del peor brote de Ébola. En Johnson & Johnson se apresuraron a actuar y, como nos dice Zuckerman, “desarrollaron un régimen de doble vacunación que se basaba en la tecnología de vector-viral Ad26 y la segunda dosis utilizando un poxvirus. Las vacunas se probó que eran seguras y generaban una respuesta inmune, pero la epidemia se mitigó –tras matar a más de once mil personas- mucho antes de que los datos sobre su eficacia pudieran ser recabados” (p. 192). Eventualmente esta vacuna recibió aprobación de uso por la Comisión Europea, basado exclusivamente en la evidencia de que posee la capacidad de generar respuestas inmunes. Cuando el virus Zika hizo su aparición a inicios del 2015 nuevamente Johnson & Johnson se dio a la tarea de producir una vacuna con vector Ad26, pero como para el 2017 la epidemia se había aplacado, ya no hubo tiempo de probar su eficacia, solo que ahora podían generar millones de vacunas en poco tiempo.

Por otro lado, Adrian Hill y Sarah Gilbert, en el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford trabajaban en una vacuna para combatir la malaria. Estos investigadores utilizaban un vector adenoviral de chimpancé que denominaron ChAdOx. Cuando se tomaron decisiones sobre qué vector viral elegir en Oxford, el adenovirus de chimpancé fue el candidato ganador, al menos en parte, porque debía sortear la crítica teórica que se había blandido para adenovirus humanos, a saber, que el sistema inmune humano se podía encontrar primado a rechazarlo de inmediato volviéndolo inútil para estimular la producción de una respuesta inmune contra algo. Para el 2017, el vector Adenoviral de Chimpancé de Oxford parecía ser al menos tan bueno como el humano de Johnson & Johnson.

Por último, Novavax utilizó tecnología para producir proteínas, que estimulen la producción de anticuerpos dirigidos contra ellas que ya habían aplicado sin oportunidad de verificar y probar su eficacia a gran escala. La vacuna que terminó produciendo Novavax lo hizo mediante la ingeniería de un baculovirus conteniendo un gen que codifica para la proteína de la espícula de SARS-CoV-2 de longitud completa que fue estabilizada en la conformación de prefusión (ya platicamos de lo que eso significa). A Gale Smith y otros pioneros en el uso de estos virus les impresionó el que los baculovirus pudieran producir proteínas en altísimos niveles en los estadios tardíos de una infección. La clave importante en este modelo es que estas proteínas no son necesarias para infectar células en un cultivo, por lo que los genes de alta expresión tardía pueden ser sustituidos por genes terapéuticos o, en este caso, el de la proteína S de SARS-CoV-2. Este sistema presenta otras características deseables como el que posee la capacidad para albergar grandes secuencias genéticas y el que las proteínas producidas son sometidas a procesamientos como la glicosilación que ocurre posteriores a la traducción en células eucariotas. Así, los cultivos de células obtenidas de polilla Spodoptera frugiperda se infectaron con baculovirus recombinantes que expresaron los trímeros de proteína de la espícula de SARS-CoV-2, que luego se extrajeron y purificaron cromatográficamente. Este purificado de proteína S de SARS-CoV-2 es posteriormente tratado con otras sustancias y purificado y ensamblado en nanopartículas que son mezcladas con un adyuvante para su posterior aplicación.

Una observación acerca de la aproximación gráfica del libro es que ésta es inexistente. Como dirían mis hijos tras echarle una ojeada previo a decidir leerlo o no: no tiene “dibujos”. No es propiamente una crítica, pero considero que hubiera sido de ayuda contar con el soporte de diagramas o imágenes que reforzaran los procedimientos o conceptos científicos que se exponen (admito que con bastante claridad solo con palabras).

Coronavirus Covid-19 vaccine. Covid19 vaccination production and supply

Habiendo cubierto el panorama histórico/científico de la generación de las vacunas, es momento de establecer el contexto al inicio de la presente pandemia, por lo que empezaremos por el epicentro. Wuhan es una ciudad de 11 millones de habitantes y en diciembre del 2019 se empezó a comentar en las redes sociales de esta capital que existía una enfermedad respiratoria que eludía el diagnóstico. Algunas de las infecciones fueron trazadas hasta el Mercado Mayorista de Mariscos de Huanan. El viernes 3 de enero del 2020, el virólogo Zhang Yongzhen de la Universidad de Fudan en Shanghái, China, recibió una caja de metal en su laboratorio. En el interior, empacado en hielo seco, se encontraban muestras de lavados bronquio alveolares de siete pacientes con neumonía de origen desconocido en Wuhan. Después de 40 horas ininterrumpidas de trabajo, Zhang y sus colegas terminaron de descifrar la secuencia genética del virus responsable del brote en Wuhan. Al describirlo, sus palabras fueron que éste era “muy similar a los coronavirus tipo SARS”. Excusa decir que éstas eran malas noticias.

Coronavirus, Covid-19 or air pollution concept

A manera de recordatorio, en el 2002 brotó la epidemia de Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS, por sus siglas en inglés) en la Provincia de Guangdong, en China, como consecuencia de un coronavirus (SARS-CoV). Durante esta epidemia se infectaron 8098 personas y 774 murieron; su índice de mortalidad, por lo tanto, ronda en alrededor del 10%. El SARS terminó diseminándose de China a 26 países y requirió de ocho meses y entre treinta y cien mil millones de dólares poder contenerlo.

A esta altura es también importante mencionar que Wuhan es el hogar del primer laboratorio con nivel de Bioseguridad 4 en China. En este laboratorio se trabaja con agentes infecciosos letales, entre ellos, SARS-CoV.

Las autoridades en China inmediatamente trataron de controlar la información. Zhang, como investigador destacado, tenía contacto con sus pares otras partes del mundo y, en este caso, sostuvo una conversación con Eddie Holmes, un especialista en enfermedades infecciosas en la Universidad de Sydney con quien ya había concretado publicaciones científicas. Holmes presionó a Zhang a compartir la secuencia del nuevo virus, pues le advirtió que si alguna versión del SARS-CoV andaba suelta, el mundo tenía que saberlo, no podía quedarse cruzado de brazos con esta información. Así, la información se publicó en el sitio Web virological.org, manejado por Andrew Rambaut en Edinburgo, Escocia, el viernes 10 de febrero. Un día después la CDC de China liberaría la información genética del virus.

Los investigadores de todo el mundo, unos antes que otros, en días o semanas, reconocieron la seriedad del problema y su potencial real para convertirse en la siguiente pandemia. Para febrero, los científicos del Colegio Imperial en Londres estimaban que dos terceras partes de los casos de COVID-19 en viajeros a China no habían sido aún detectados, por lo que bien podrían ya haberse iniciado cadenas de transmisión en diversos países del mundo. Cuando se reconoció que el número de casos asintomáticos era muy significativo, no quedó duda de que detener la propagación de este virus sería casi imposible. El papel que los niños desempeñarían en la pandemia no estaba claro, sus cuadros eran en su vasta mayoría indetectables o muy leves, pero su potencial para transmitirlo era una incógnita.

Blood sample with COVID-19 Coronavirus chinese infection of the China with test in medical examCon respecto al cuadro clínico, Zuckerman nos dice: “A medida que el nuevo coronavirus se diseminaba, parecía similar a otras enfermedades respiratorias, al menos al principio. Los pacientes sufrían de fiebre, tos y disnea. No obstante pronto se volvió claro que ésta era una enfermedad traicionera. Este novedoso coronavirus podía afectar los riñones, el corazón y el hígado y los sistemas circulatorio y gastrointestinal. Algunas veces los pulmones de los pacientes se llenaban de tanto líquido que no eran capaces de respirar” y continúa “Muchos de aquellos infectados con el virus perdieron sus sentidos del olfato y gusto. Pocos niños se estaban enfermando, pero los mayores y aquellos con sistemas inmunes comprometidos se enfrentaban a un peligro más agudo” (p. 253).

La transmisión a través de gotas y en forma aerosolizada se volvió obvia; no solo eso, su transmisión era bastante fácil, éste es un virus no solo más letal, sino también más contagioso que la influenza, por lo que las medidas no terapéuticas efectivas de antaño como el uso de cubrebocas y la sana distancia eran útiles, pero no contundentes. Por supuesto, la transmisión asintomática era (y sigue siendo) un problema a superar.

Todas estas condiciones saturaron los sistemas a salud en todo el orbe. La velocidad con la que se multiplicaban los casos no daba respiro a los médicos y equipos de salud en el mundo, no solo eso, la disponibilidad de mascarillas y equipo de protección personal, así como el vital oxígeno medicinal escaseó rápidamente. Los médicos trataron de darle nuevos propósitos a tratamientos existentes para otras dolencias, pero la vasta mayoría de estos esfuerzos fueron infructuosos o de poco impacto en la pandemia. Los servicios funerarios, los crematorios y las morgues fueron los siguientes en saturarse. Expertos en vacunas se encontraban pesimistas en sus predicciones sobre la velocidad a la que podría haber vacunas efectivas disponibles en el mundo, pero como relata de forma detallada Zuckerman, los ambiciosos directores y científicos de compañías grandes y pequeñas, así como del gobierno, estuvieron por encimas de las expectativas.

Covid Vaccines Corona Vaccines Delta Lambda Plus Variant

La fabricación de las vacunas para combatir al SARS-CoV-2 fue verdaderamente frenética y la competencia entre las compañías y los investigadores fue fiera. Los directores buscaron recursos y trabajaron la dimensión política del negocio y los investigadores laboraron sin descanso y aplicaron toda la creatividad posible para sortear, en general, tanto problemas de diseño como de producción y de la operación. El frenesí de esta competencia es exquisitamente descrito por Zuckerman con montones de aristas, jugadores, instituciones y conexiones que es imposible resumir con justicia en este espacio; hay que leer el libro.

El lunes 13 de diciembre del 2020, Sandra Lindsay fue la primera mujer en los Estados Unidos en recibir su vacunación para el COVID-19. Esta vacuna fue de Pfizer/BioNTech, pues fueron los primeros en recibir su autorización. Una semana más tarde, la vacuna de Moderna se les uniría. El 30 de diciembre se autorizó la vacuna de Oxford/AztraZeneca en el Reino Unido y a final de enero se logró su autorización en Europa. El 27 de febrero la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, la FDA (por sus siglas en inglés), autorizó la vacuna de Johnson & Johnson.

Últimos pensamientos

Sin duda la erradicación del virus SARS-CoV-2 fue una oportunidad con una ventana demasiado corta para ser aprovechada en el mundo real. Este virus seguirá circulando entre los seres humanos y sus parientes cercanos en murciélagos y otras especies animales, como recientemente ha sido encontrado aparentemente rampante en algunas comunidades de ciervos en los Estados Unidos. Seguramente habrá picos o brotes posteriores y la humanidad seguirá dependiendo de los científicos y las tecnologías que hoy han ya salvado la vida de millones de seres humanos. No es descabellado soñar que en el futuro próximo la ingenuidad humana aplicada a la resolución de problemas previamente insuperables nos permita sobreponernos a pestes como la moderna plaga del COVID-19. Por lo pronto, yo solo puedo insistir en mi recomendación sobre A Shot To Save The World, de Gregory Zuckerman, un libro actual, bien escrito y sumamente informativo con los detalles técnicos necesarios, no más.

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