La Sangre y sus Contrastes

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En definitiva existen muchas acepciones a la palabra sangre, una de las más comunes es cuando decimos que alguien es de sangre azul, lo que quiere decir que esa persona pertenece a la nobleza. Aquí el término lleva una connotación que le confiere a éstas personas una característica especial, lo que las coloca en una posición de estatus superior al común de la gente, hablaba de un linaje con implicaciones de superioridad y derechos de gobernar y mandar.

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VIH-1 a 25 años

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Hasta la fecha el primer caso autentificado de un paciente seropositivo ha sido trazado hasta la capital de la República Democrática del Congo, en África, el año: 1959. El Congo, Rwaanda y Burundi parecen ser la cuna de la que se ha proclamado la enfermedad del siglo XX.

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Remodelado óseo

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El sistema esquelético posee varias funciones que incluyen el soporte del cuerpo, la protección de órganos internos y la provisión de sitios de unión para los músculos, cavidades para las células formadoras de hueso y un reservorio para minerales.

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Monitoreo periódico

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El enfoque actual de la medicina cambió drásticamente el siglo pasado. El énfasis actual se encuentra en la prevención y en la detección temprana más que en el tratamiento.

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Tamiz Metabólico Neonatal

articulos de interés general

Nuestros cuerpos, en última instancia, son el producto de la interacción de nuestros genes con el ambiente. En nuestro genoma se encuentran codificadas las instrucciones para que nuestro cuerpo se desarrolle y funcione. Las partes funcionales del genoma se denominan genes y determinan la estructura y función de nuestro cuerpo, sistemas, órganos, tejidos, células y, muy importante, nuestro metabolismo y todas nuestras funciones a nivel molecular. Muchas variables intervienen en el desenlace (p. ej., la dieta, la radiación o los agentes carcinógenos a la que nos exponemos y la actividad física a la que nos sometemos), pero todas ellas gravitan de forma natural dentro de los márgenes que nuestro genoma permite. Así, nuestro genoma condiciona nuestra potencialidad.

Bebe tamiz metabólico neonatal

El tan nombrado genoma, está realmente formado por macromoléculas de DNA (ácido desoxirribonucléico). Los humanos contamos con 23 pares de estas marcromoléculas: los cromosomas; de éstos, 22 pares son autosomas (numerados del 1 al 22) y 1 par está formado por cromosomas sexuales (X, siempre de la madre y X ó Y, del padre –el par XX determinará mujeres y el par XY determinará hombres). El DNA, a simple vista, pareciera una molécula aburrida, una larga cadena de sólo cuatro nucleótidos diferentes cuya identidad se encuentra condicionada por las bases que los conforman (adenina [A], guanina [G], citosina [C] y timina [T]). Ahora bien, ¿qué tan larga es esta cadena? En conjunto, todos los cromosomas completos, solamente 3200 millones de pares de bases de largo, o lo que es lo mismo, 6400 millones de nucleótidos, esto porque como ya dijimos, los nucleótidos siempre se presentan en pares en el DNA.

Una persona consigue su genoma por el feliz accidente que acompaña a la fecundación, a saber, la lotería que es la unión de gametos: óvulo y espermatozoide. Estos gametos fueron producidos por meiosis, un proceso de división celular por medio del cual se fabrican células con solo uno de cada cromosoma, lo que llamamos un genoma haploide (el resto de las células del cuerpo poseen genomas diploides, porque contienen el doble, es decir, 46 cromosomas –los eritrocitos son excepciones y habría que definir con claridad qué son las plaquetas, pero esos son otros temas y tienen sus explicaciones). Los gametos producidos por meiosis aseguran que su juego de 23 cromosomas no sea ni como el de mamá ni como el de papá, a pesar de que los cromosomas de papá y mamá sirvieron como materia prima en su generación. ¿Cómo puede ser esto? Bueno, porque el proceso está dividido en dos partes, llamadas meiosis I y meiosis II. En la meiosis I una célula precursora es dividida duplicando su material genético previamente para generar dos células diploides (como ocurre en una mitosis normal, es decir, en una división celular tradicional), pero en la meiosis II la división ocurre sin duplicación del material genético, asegurándose que solo un cromosoma de cada par quede guardado en cada uno de los cuatro gametos producidos al final (los cromosomas se segregan independientemente y la “decisión” de qué cromosoma termina en qué gameto es tomada a ciegas). Cuando los cromosomas se encuentran realizando su primera meiosis, se hallan en contacto estrecho unos con otros y esta proximidad incita el proceso de recombinación, que en este contexto no es otra cosa que el entrecruzamiento de cadenas de DNA de un cromosoma al otro y viceversa. Antes del entrecruzamiento los cromosomas originales habían provenido, uno de cada par, de mamá y el otro de papá, pero tras el entrecruzamiento el cromosoma resultante no es igual ya ni al heredado de papá ni al heredado de mamá, es un cromosoma híbrido distinto, único; y lo mismo pasa con cada uno de los 23 cromosomas que terminan en cada gameto al final. Escusa decir que lo mismo ocurrió con los gametos que dieron origen a tu padre y a tu madre, no eran exactamente así en tus abuelos. Así, los cromosomas que poseemos son una amalgama de regiones mezcladas de papá y mamá, nuestros genes todos provienen de nuestros padres y el 50% nos lo regaló mamá y el 50% fue el presente de papá. Finalmente, solo una nota importante queda por agregar: los genes existen en muchas versiones (lo que llamamos alelos), y cuando su representación poblacional supera el 1% se denominan polimorfismos; cuando son menores al 1% se consideran mutaciones. Estrictamente hablando, todas las versiones son mutantes de aquella de la que provienen (esto por el proceso de evolución, en este caso hablamos de evolución molecular), pero se asume que si más del 1% de la población posee alguna versión es, ya sea, porque ésta no es deletérea (o no compromete seriamente la supervivencia), porque es ventajosa (lo que habitualmente ocurre cuando confiere una mejor adaptación) o, porque es el producto de un fenómeno azaroso de la evolución denominado deriva genética (pero no nos detendremos más aquí, otra vez, esto es tema para otra ocasión). La mutación, por ser una ocurrencia infrecuente, habitualmente es una de dos cosas: deletérea (produce enfermedad o mala adaptación al ambiente y como la selección natural opera en su contra se encuentra en escasos individuos) o una versión muy nueva del gen que aún no ha sido sometida al proceso de selección natural lo suficiente para demostrar su valía y, por lo tanto, para valorar su representación final con el paso de las generaciones.

Por lo anterior, nos debe quedar claro que el genoma de cada individuo es único, a excepción de aquellos entre gemelos idénticos (estrictamente hablando los gemelos idénticos no son exactamente idénticos, pues según un estudio publicado en enero de este año su genoma difiere, en promedio, por 5.2 mutaciones que ocurren muy temprano en el desarrollo). Esto tiene dos consecuencias importantes que vale la pena destacar; la primera, que las instrucciones específicas que nos conforman difieren de las de todos los demás; la segunda, que todos, sin excepción, somos mutantes. Todos somos mutantes porque todos poseemos variantes específicas en combinaciones únicas de segmentos del genoma. Esto con todo y que el genoma de dos personas al azar es 99.9% idéntico. El 0.01% de diferencia es suficiente para volvernos a todos notablemente diferentes, no sólo en el exterior, sino también en otras minucias, como las metabólicas u otras funcionales como la capacidad de transporte del oxígeno por el organismo o la capacidad de transportar iones cloruro a través de membranas celulares.

Adicionalmente al hecho de que nuestros padres son mutantes que, en su momento, generaron mutaciones propias para sí, nosotros mismos, como ocurre en cada generación, poseemos alrededor de 70 mutaciones que nuestros padres no poseen. Aproximadamente el 10% de estas mutaciones nuevas no fueron heredadas directamente de nuestros gametos, sino ocurrieron muy pronto, tras la fertilización. Ese 10% no solo nos vuelve mutantes, discutiblemente también mosaicos (los mosaicos son individuos que poseen distintas constituciones cromosómicas en distintos linajes celulares de su cuerpo a pesar de provenir de un mismo cigoto; cuando un individuo es producto de más de un cigoto y, por lo tanto, posee también distintas constituciones cromosómicas en diferentes linajes celulares se le llama quimera –nuevamente, esa es historia para otra ocasión). De esta forma, el genoma, a través del error, incorpora variación. Si consideramos que aproximadamente el 1.5% del genoma está constituido por genes, alrededor de una mutación en todos nosotros, por azar, será en una secuencia codificante, es decir, directamente en un gen donde podría alterar la secuencia aminoacídica de su producto proteico. Es probable que, con un poco de mala suerte, esta mutación sea dañina.

Existen dos términos que es importante introducir a esta altura: hereditario y congénito. Cuando decimos que un rasgo es hereditario, lo que queremos decir es que ha sido pasado directamente de nuestros padres a nosotros a través de la herencia y, habitualmente, que los condicionantes de tal rasgo se encuentran codificados en el genoma (rasgos epigenéticos también pueden heredarse aunque no estén codificados en el genoma, pero ese es otro tema). Ahora bien, cuando hablamos de rasgos congénitos, a lo que nos referimos es que el individuo nació con ese rasgo (ojo, la mayoría de los rasgos hereditarios son congénitos –pues sus efectos se manifiestan desde el nacimiento-, pero existen rasgos congénitos que no son hereditarios, como defectos producidos por medicamentos –o la ingesta de alcohol- tomados durante el embarazo). Como nota, recordemos que abrimos este escrito diciendo que nuestros cuerpos son el productos de la interacción entre nuestros genes y el ambiente, en este caso, parte del ambiente es dicho medicamento -o el alcohol al que nos expusimos in utero– y nuestros genes hacen lo que pueden con este componente (al inicio también dijimos que nuestros genes determinan la potencialidad de lo que somos, no podemos ser más –o metabolizar más- de lo que nuestros genes nos permiten), aquí vemos que podemos manejar cierta dosis de algún medicamento –o alcohol-, pero cualquier concentración por encima de cierto umbral tendrá consecuencias indeseables, pues rebasa nuestra capacidad para hacerle frente. Así, cuando hablamos de defectos congénitos, nos referimos a desórdenes que afectan la forma como un cuerpo funciona o se ve (a veces ambos). Los defectos son de muchos tipos y aquellos que presentan rasgos físicos distinguibles a simple vista tienden a ser detectados preferencialmente por técnicas de imagen y solamente apoyados, en algunos casos, por estudios de laboratorio clínico en el periodo prenatal. Al momento del nacimiento, la evaluación pediátrica del neonato es de suma importancia, pero muchas características de salud del neonato son invisibles, sólo pueden ser detectadas a tiempo con un estudio sanguíneo tomado del talón del bebé denominado Tamiz Metabólico Neonatal (TMN).

El TMN detecta desórdenes del metabolismo (de proteínas, carbohidratos, almacenamiento lisosomal, oxidación de ácidos grasos, mitocondriales y peroxisomales), genéticos, congénitos y hemoglobinopatías. Antes de seguir, es importante tener claro lo que entendemos por metabolismo. El metabolismo son todas las vías bioquímicas que construyen o destruyen las macromoléculas en los seres vivos, o lo que es lo mismo, proteínas, lípidos, carbohidratos y ácidos nucleicos (DNA o RNA). Cuando sintetizamos cualquiera de estas moléculas hablamos de anabolismo y cuando las destruimos para obtener sus constituyentes hablamos de catabolismo. Del catabolismo obtenemos principalmente energía en la forma de ATP, equivalentes reductores NADH, NADPH, and FADH2 y los componentes químicos que forman las macromoléculas. El anabolismo requiere de todos éstos para llevarse a cabo; construir siempre es más difícil y cuesta más trabajo que destruir, la entropía se asegura de eso (brevemente, la entropía nos habla del grado de desorden que posee un sistema, como el universo tiende al desorden –de acuerdo con la segunda ley de la termodinámica-, ordenar algo requiere de trabajo, de meter energía al sistema). Así, la energía se obtiene del catabolismo y se utiliza en el anabolismo; destruimos primero y obtenemos de ahí energía y materia prima (los bloques químicos de la destrucción –intermediarios para la biosíntesis de macromoléculas) y con esa energía reciclamos los bloques obtenidos y formamos nuevas moléculas, las que nuestro organismo necesita en el momento.

Los errores innatos del metabolismo (EIM) son una serie de trastornos infrecuentes, pero numerosos si se consideran en conjunto. El hilo conector en los EIM es que existe algún error constitucional en el metabolismo de quien los padece. El genoma humano posee alrededor de 20,000 genes (el veredicto del número exacto aún no se zanja) que codifican, cortesía del procesamiento alternativo de los genes (por lo que un gen puede codificar para varias proteínas, sin duda, tema para otra ocasión) para alrededor de 80,000 a 400,000 proteínas (establecer el número exacto es bastante complejo, por el momento), por lo que uno pensaría que si una sola de ellas no funcionara adecuadamente no debería provocar un problema serio, ¿o sí? Resulta que defectos en un solo gen pueden generar anormalidades en la síntesis o catabolismo de proteínas, carbohidratos o grasas. La mayoría de los EIM se deben a un defecto en una enzima o proteína de transporte, lo que resulta en un bloqueo de dicha vía metabólica. Sobre-simplificando los procesos, las vías metabólicas pueden conceptualizarse como tuberías por las que fluye un líquido (i.e., las moléculas que se están transformando en la vía) y que posee diversas válvulas (cada válvula es, por ejemplo, una enzima, que es quién transforma las moléculas de la vía). Imaginemos que un EIM genera que una válvula/enzima interrumpa el flujo de líquido/molécula metabolizada; ¿qué consecuencia tendría esto en la vía? Obviamente cerrar la válvula impide el flujo de líquido y deja a las válvulas subsiguientes sin trabajo qué hacer. Así, los efectos clínicos observados en el paciente son debidos a una acumulación tóxica de sustratos anteriores al bloqueo (la “presión” en la tubería aumenta), intermediarios de vías metabólicas alternas (las “tuberías/vías” se encuentran enramadas y las salidas alternas se sobresaturan) y/o defectos en la producción de energía o su utilización causada por una deficiencia de productos debajo del bloqueo (las enzimas debajo del bloqueo no tienen materia prima para trabajar y sus productos no se fabrican). Casi todas las enfermedades metabólicas poseen varias formas de presentación clínica que varían de acuerdo a la edad de su aparición, severidad clínica y a su modo de herencia.

La mayoría de los trastornos detectados en un TMN son hereditarios, aunque muchos casos se presentan sin antecedentes familiares. Aunque los EIM son sólo una subclase de los trastornos hereditarios, son el grupo de desórdenes a detectar más nutrido en un TMN. Es difícil establecer con certeza a cuánto asciende el número de niños que al nacer sufren de un EIM, sin embargo, se sabe que la frecuencia en los Estados Unidos de Norteamérica es de 1 de cada 5,000 nacimientos. La frecuencia mundial de los EIM es muy similar a la estadounidense. La frecuencia de cada EIM varía de acuerdo a la composición étnica o racial de la población, pero la mayoría son bastante raros. Debido a que el recién nacido posee un repertorio limitado de respuestas a trastornos metabólicos o infecciones, realizar un diagnóstico basado en la clínica en el periodo neonatal o en niños muy pequeños es prácticamente imposible sin la ayuda de pruebas diagnósticas de laboratorio. De los infantes que desarrollan síntomas de sepsis sin factores de riesgo, tantos como el 20% pueden padecer de un error innato del metabolismo.

La incidencia en diferentes grupos raciales o étnicos varía con la predominancia de ciertos EIM en grupos particulares. La evolución ha moldeado el genoma de grupos humanos volviendo algunos genes predominantes en algunos lugares y ha desaparecido otros, mientras que la deriva genética ha vuelto común la ocurrencia de algunos polimorfismos o mutaciones en algunas poblaciones humanas por procesos como el efecto fundador. El efecto fundador ocurre cuando por algún accidente de la historia una comunidad pequeña queda aislada (como ocurrió con la Polinesia que inicialmente fue poblada por unos cuantos colonizadores del Sureste de Asia, probablemente por primera vez hace unos 5500 años atrás) y sin importar la riqueza genética de la población original, este pequeño grupo perpetuará solo un puñado de polimorfismos o mutaciones (también pasa así cuando por motivos religiosos o culturales los adherentes frecuentemente no se casan fuera de su religión –como ocurre con comunidades de Judíos Askenazi o de Menonitas). Es notable que bajo estas circunstancias sea inevitable caer en cierto grado de endogamia, pues todos los habitantes tras muy pocas generaciones se encontrarán emparentados. También puede ocurrir un cuello de botella poblacional, en donde la población en algún lado se reduzca de forma estrepitosa, y no por selección natural (tal vez por un terremoto o una erupción volcánica, cuya supervivencia es más bien estocástica), lo que provoca que se pierda variedad genética. Aunque esto no es tradicionalmente considerado por las explicaciones de deriva genética considero que podemos agregar la posibilidad de que un individuo o su familia posean una contribución desproporcionada en la siguiente generación (pensemos en Gengis Khan y sus familiares masculinos más cercanos, cuyo DNA se encuentra presente en alrededor de 16 millones de hombres al día de hoy) y un puñado de variantes génicas se encuentran de pronto extendiéndose generación tras generación provocando la representación desproporcional de algunas variantes o marcadores genéticos en particular (enfatizo, este efecto no posee ningún elemento adaptativo, ocurre simplemente como un accidente de la historia). En circunstancias como éstas, es posible que algunos individuos con mala salud logren aparearse con éxito, simplemente porque existen muy pocas opciones para hacerlo o porque concentran una gran cantidad de los bienes, recursos o mucho poder (tal vez a través de la herencia familiar, como ocurrió con la reina Victoria que pasó un gen para la hemofilia a través de su cromosoma X a las familias reales de Rusia, España y Alemania por conducto de sus dos hijas Alicia y Beatriz; este drama comienza a mediados del siglo XIX y culmina a inicios del siglo XX).

Hemos hablado ya que cada uno de estos desórdenes individualmente son infrecuentes, pero ¿qué tanto? Algunos ejemplos podrán darnos una idea, considerando siempre que la incidencia de cada una de estas dolencias presenta variaciones importantes en la frecuencia en la que aparece en distintas poblaciones de acuerdo a la selección natural y a la deriva genética, por eso es imprescindible especificar en qué población se presenta con esa frecuencia, pues en otra población la frecuencia, sin duda, cambiará. La fibrosis quística es una dolencia que daña severamente los pulmones y páncreas de quienes la padecen como resultado de mutaciones en un gen que codifica para un transportador de iones cloruro en las membranas de células en mucosas y afecta a 1 de cada 2000 personas de ascendencia europea, las muertes en niños son ocurrencias comunes, aunque tratamientos modernos han podido prolongar la expectativa de vida a la mediana edad y mejorar su calidad también. Por otro lado, la anemia de células falciformes es una enfermedad cuyo origen se encuentra en un solo cambio en el código genético del paciente que afecta la estructura proteica de la hemoglobina, transportadora de oxígeno en los eritrocitos, cuya morfología se ve afectada en situaciones de estrés físico distorsionándose a una forma de hoz que se adhiere y tiende a conglomerarse en los vasos sanguíneos en algunos puntos estrechos en donde detiene el flujo sanguíneo y provoca así en el paciente dolores extremos cuando esto ocurre, además, por supuesto, estos eritrocitos deformes son destruidos rápidamente provocando la anemia que la define y cansancio como consecuencia. Estos pacientes también son susceptibles a infecciones y una infinidad de complicaciones en múltiples órganos y fallecen ahora en la mediana edad y no en la adolescencia solo por avances en el tratamiento. Este terrible padecimiento afecta a 1 de cada 600 personas de origen africano. Finalmente, la enfermedad de Tay-Sachs es absolutamente devastadora, en ella se observa la destrucción de células nerviosas en el cerebro y la médula espinal como consecuencia de la ausencia de la enzima hexosaminidasa que provoca acúmulos lipídicos en la célula. El paciente experimenta una respuesta de asombro exagerada a ruidos, seguida de convulsiones, parálisis, demencia y ceguera, todo esto iniciando a los seis meses de edad, para morir a los 4 años. Uno de cada 3,500 Judíos Askenazi la padece. Estas enfermedades no solo afectan a quienes las sufren, sino a toda su familia.

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Las infecciones de transmisión sexual son un grupo heterogéneo de enfermedades provocadas por más de 20 agentes infecciosos. Estas enfermedades, como su nombre lo indica, son transmitidas a través de la actividad sexual y los agentes etiológicos pueden ser bacterias, hongos, virus y hasta parásitos.

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Deficiencia de glucosa

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La deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PD) es una enfermedad genética hematológica que predispone a hemólisis. Su forma de herencia se encuentra ligada al X. La deficiencia de G6PD es común en el área del mediterráneo, África y el sur de Asia.

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Cadena de Custodia

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Debemos saber, que se denomina abuso de drogas al uso indebido de un medicamento con fines no terapéuticos, así como al uso de sustancias con el propósito de alterar el estado de conciencia, comportamiento, trastornar el desarrollo corporal, entre otros fines, la mayoría poco saludables. Antidoping, es el nombre que se le da a la prueba o al grupo de pruebas destinadas a detectar e incluso medir la presencia de estas sustancias en los fluidos propios del organismo.

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